Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

lunes, 20 de febrero de 2017

Adictos a los móviles

Retomando el tema de hace unos días, sobre móviles y niños, no sé si ayer veríais el Salvados sobre el uso (o abuso) del móvil. Nosotros lo vimos todos juntos. Nos pareció una buena ocasión, aunque mis hijos aún no tienen móvil, de que se vayan haciendo conscientes de lo bueno y lo malo del aparatito.

Me gustó especialmente la intervención del sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman. Me chocó mucho eso que dijo que de "nuestra peor pesadilla es ser abandonados", quedarnos solos. Nunca lo había pensado así. No soy una persona que tema a la soledad (escogida), me encanta quedarme sola conmigo misma y no necesito estar constantemente rodeada de gente para sentirme feliz. Sin embargo, es cierto que estoy permanentemente conectada vía móvil (o casi) y también que tengo el sueño recurrente de que me quedo de repente sola en una habitación de la que no puedo salir. Siempre lo había relacionado más con el hecho de no poder salir que con el de estar sola pero igual tengo que darle una vuelta a esto.

Volviendo al uso o abuso del móvil... es un tema delicado, creo. No me considero una adicta al móvil. Ha habido veces en que se me ha olvidado en casa y ni he vuelto a por él (salvo que lo necesitara por cuestiones de trabajo) ni lo he pasado mal por no tenerlo. Cierto que tengo el reflejo de ir a mirarlo cada poco tiempo porque lo uso muchísimo, pero sólo es un un reflejo, no me crea ningún tipo de ansiedad no poder hacerlo.

Entonces, ¿por qué lo miro tanto? las razones políticamente correctas primero: es la navaja suiza de hoy en día. Es mi teléfono, claro, pero también en  muchos casos mi reloj, mi alarma, mi agenda, mi cámara de fotos, mi gps (y dada mi orientación os aseguro que me siento mucho más segura sabiendo que en cualquier momento puedo consultar google maps), mi herramienta de control de gastos, de seguimiento de mi pulsera de actividad, de consulta rápida de mi cuenta de correo electrónico, mi profesor de italiano, mi calculadora siempre a mano, mi cuaderno de notas, mi acceso rápido e inmediato a mis cuentas del banco, desde que Sofía es celíaca, mi consulta rápida de productos con o sin gluten, mi "hombre del tiempo". Y sí, también mi acceso inmediato a mis redes sociales. Aparte de la comodidad de la comunicación por whatsapp, claro (y lo que se me olvide ahora mismo).



Y ahora es cuando entramos en los límites difusos. Porque sí, utilizo el móvil para todo eso, y lo utilizo mucho, pero donde de verdad paso la mayor parte del tiempo es en revisar casi compulsivamente mi Facebook (y alguna que otra partida de Tetris). Lo confieso, de otras redes sociales paso más, pero lo del Facebook me supera. Lo miro nada más levantarme y a cualquier hora durante el día. También he hecho alguna vez eso tan feo de que me estén hablando y yo siga mirando el móvil, pero en mi descargo diré que aunque esté con el aparatejo sigo pendiente a lo que ocurre a mi alrededor y desde luego a lo que me están contando. No me aíslo del mundo real por el virtual. Que no quita para que sea una falta de educación importante que desde luego debo corregir.

Ahora bien, ¿me compensan las ventajas del móvil? rotundamente sí. Cierto que hay que saber utilizarlo, que debemos ser conscientes de sus peligros y saber transmitirlos también a nuestros hijos, pero de ahí a demonizarlos van muchos pasos que no creo que debamos dar. ¿Que hay quién cae en una dependencia excesiva del móvil? sí claro, como de otras miles de cosas, sean videojuegos, tabaco, alcohol, drogas, juego, deporte, alimentación ultrasana... se puede llegar a ser adicto a muchas cosas, y por supuesto que hay que estar muy atento a las señales de que esto está ocurriendo, pero no podemos dejar de utilizar una herramienta magnífica por miedos inculcados. Tampoco creo, sinceramente, que debamos privar a nuestros hijos de utilizarlas. Eso sí, acompañándoles y enseñándoles, no utilizándolos para librarnos de ellos un rato, o que nos dejen hablar con otra gente. Ah, ahí duele, ¿eh? ya, vosotros también lo habéis hecho ¿a que sí? como todos, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero una cosa es hacerlo alguna vez y otra tomarlo como costumbre...

Contadme, ¿cómo es vuestra relación con el móvil? ¿y la de vuestros hijos? incluso, rizando el rizo: ¿cómo es vuestra relación de familia en lo relativo al móvil, tablet, etc? 

Seguidores