Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

lunes, 27 de marzo de 2017

Entrenando bajo la lluvia

El sábado salió mal día, pero, como dicen nuestros entrenadores, "el agua no es ácido" así que se puede correr igual. Y hombre igual, igual no se corre, pero también hay que acostumbrarse, que cualquier carrera te puede tocar pasada por agua, que me lo cuenten a mí, que me calé en mi tan ansiada Parisienne. Pero oye, que sarna con gusto no pica, así que si hay que ponerse las pilas se las pone una, que un reto no es para pasárselo durmiendo.

Eso sí, nos libramos del circuito Oregón, porque no era plan de rebozarse por el barro haciéndolo, pero a cambio nos hicimos unas buenas tabatas (en sala) de las que mis agujetas todavía hoy dan fe.

Esta parte bien, lo de la tonificación lo llevo bien, que para eso voy también al gimnasio, pero oye, que lo de correr sigue siendo mi cruz... ¿será posible que habiendo hecho ya la 10k el año pasado siga quedándome por atrás a la primera de cambio? ¿por qué todo el mundo corre más que yo? si es que soy una tortuga... si alguien está pensando en hacerme un regalo, os doy una idea:



No os cortéis. Ahora, que yo voy lenta pero segura, ya conseguí el reto una vez y lo conseguiré de nuevo, y además mejorando tiempos (espero, no lo voy a decir muy alto por si acaso).

Si no me equivoco la semana que viene tocan cuestas, me gustan, no sé por qué, porque mira que cansan... pero sí, me gustan. También me gustan las quedadas, es un espectáculo ver a tanta mujer de naranja corriendo juntas.

Cosas que noto con respecto al anterior reto. Mi cuerpo ya está mucho más preparado. Aunque hubiera dejado unos meses los entrenamientos, corriera poquísimo y por mi cuenta, que siempre se hace menos, todo no lo he perdido. Del primer reto recuerdo que me dolía todo a todas horas. Y no es que yo fuera del todo sedentaria, que siempre he hecho cosas: nadar, patinaje, gimnasio... pero se notaba, se notaba... además, los grupos musculares que ejercitas con cada deporte son distintos y hay que habituarlos...

viernes, 24 de marzo de 2017

El pijama mágico, segunda parte

Como ya sabéis (creo), ando ya inmersa en la preparación de una segunda parte de mi libro "El pijama mágico". Todavía no tiene título así que de momento se queda así, pero ya va avanzadillo así que hoy me he decidido a compartir con vosotros los primeros párrafos, a ver qué os parece:

Entraron en la cueva emocionadas, sintiendo el dulce sabor de la aventura esperada. Y eso que ni en sus mejores sueños hubieran podido imaginar lo que habían de encontrar unas cuantas galerías más allá. Habían pasado muchos veranos en ese pequeño pueblo costero y conocían sus acantilados como las palmas de sus manos. Estaban totalmente seguras de que la entrada a la cueva que ahora estaban explorando había permanecido años cerrada. Tenía que haber sido el reciente temblor de tierra que había sacudido la localidad el que había propiciado su apertura. La habían descubierto ya el día anterior pero sabían bien que no podían aventurarse en una cueva desconocida sin un mínimo de preparación así que, apenas echaron un vistazo y decidieron volver a casa para preparar bien la excursión. Necesitarían cuerdas, linternas, comida por si pasaban más tiempo del esperado… tendrían que hacer una lista.


Pero por fin había llegado el momento de investigar. Con las mochilas bien cargadas de todo lo que habían juzgado necesario, pronto encontraron la primera bifurcación. No querían arriesgarse a perderse a la vuelta así que marcaron el camino por el que habían venido con una tiza. Poco a poco la penumbra iba invadiendo los cada vez más estrechos pasillos y pronto necesitaron encender sus grandes linternas. Decidieron que con una sería suficiente, no querían arriesgarse a quedarse sin pilas en las dos. Durante un buen rato siguieron vagando por el laberinto de grutas, siempre marcando perfectamente el camino escogido cada vez. Ya empezaban a aburrirse y estaban planteándose volver cuando el pasillo por el que caminaban comenzó a ensancharse. Siguieron un rato más y, para su sorpresa, a la vuelta de la siguiente esquina les esperaba una amplia estancia. Al recorrerla con el haz de su linterna vieron algo en uno de sus laterales que las dejó de piedra: un gigantesco esqueleto del tamaño de un dinosaurio. Emocionadas, creyeron haber hecho un descubrimiento importantísimo, ya se veían en las portadas de algún periódico… pero, al acercarse para examinarlo, su sorpresa fue aún mayor. El esqueleto en cuestión tenía patas cortas, cuerpo muy largo ¡y la estructura de lo que sin duda habían sido unas alas! ¿Era realmente un dinosaurio? Quizás era su imaginación pero habrían jurado que aquello tenía toda la forma de un dragón de leyenda. Excitadas por el descubrimiento, deshicieron rápidamente el camino hasta salir de nuevo a la luz. Sólo entonces se dieron cuenta del hambre que tenían. ¿Cuánto tiempo habían pasado ahí dentro? Bajaron hasta la playa y se acomodaron para comer sus bocadillos y comentar lo que habían descubierto. 

¿Qué os parece? el comienzo de todo libro es importante, pero también es difícil, casi tanto como lograr un buen final. ¿Os apetece seguir leyendo? Ya me contaréis. 


miércoles, 22 de marzo de 2017

Preparando la 10k

Sin prisa pero sin pausa. He vuelto al reto que tantas satisfacciones me dio (y me sigue dando), como ya os dije. Semana tras semana vamos notando la mejoría, en técnica, en resistencia...  se nota especialmente en el grupo de iniciación, creo. Les oía hablar el otro día en la quedada y no se creían que habían sido capaces de correr 25 minutos seguidos. Os recuerdo que en este reto se puede partir de cero pelotero. Que no es fácil, ¿eh? prepararse para correr 10 kilómetros cuando no has corrido ni detrás del autobús... que me lo digan a mí, que ya lo pasé en mi primer año. Pero se puede, se puede...

Os dije también que este año quería exprimirlo mucho más que los anteriores. Ahora soy consciente de todo lo que se puede lograr y no quiero perderme nada. Empezamos mal. La primera semana se me lió, se me lió, y fallé en los deberes y en la quedada. Por mucho que queramos a veces las cosas se tuercen y no hay quien las enderece. Pero ya no he vuelto a faltar. Y espero seguir así.

En la última quedada, como os decía, corrimos 25 minutos por las riberas del Ebro. Cada una a su ritmo, aquí no se persigue a nadie. Hacía una noche espectacular, y las vistas lo cierto es que acompañan. La foto no pertenece a esta quedada, (era más de noche para empezar) sino a una de las anteriores a la 10k de junio de 2016, pero ilustra bien lo de las vistas. Y pensar que antes de la Expo del Agua teníamos las riberas hechas un asco...



Si es que estos entrenadores nuestros son lo más, no sólo nos ponen a punto sino que de vez en cuando nos sorprenden con fotazas como esta...

El día del entrenamiento tocó sufrir las series. No me acostumbro a ellas. Siempre pienso que no voy a poder terminarlas, pero siempre las termino... no soy rápida, tampoco muy resistente, la verdad. No tengo yo cuerpo de maratoniana precisamente, ni de velocista... no tengo cuerpo de corredora en general. Pero soy maña cabezota y si me empeño en algo, pues me empeño... ya me gustaría a mí empeñarme más en ciertas cosas que se me resisten pero no, mira, en eso no...

Más allá de si correr es un deporte mejor o peor, lo cierto es que una vida activa es buena para todo el mundo. El otro día oía a medias desde mi cuarto un experimento que hicieron en el hormiguero con un simulador de la vejez. Lo estaba viendo mi familia, yo la verdad es que no me enteré de mucho, pero sí me quedé con el consejo de mantenerse fuerte y activo para que cuando nos llegue, estemos mejor preparados para sobrellevar los achaques de la edad.

A mí lo cierto es que correr me sienta bien. Seré una tortuga (y no me importa, aunque seguro que si me quitara esos kilitos que me sobran se notaría), pero los beneficios del deporte me llegan igual que a las liebres. No hace falta correr muy rápido para mejorar tu estado físico. Tampoco agobiarse con cronos, ritmos, o kilómetros. Se puede correr (o hacer cualquier otro deporte) simplemente por disfrutarlo. A mí me encanta ir a nadar con Sofía y poder salir a correr, patinar o ir en bici en familia. Lo de correr 10 kilómetros es sólo una excusa más para motivarte, un reto más. Ya sabes que yo sin retos no soy nadie, ¿y tú? ¿Me cuentas los tuyos?

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